El destino lo creamos nosotros, pero es en base a estamentos que merecemos, y no digo "Merecer" como una palabra más, sino como el sentido de lo que realmente nos sucede.
Usar el término "karma" no estaría mal, lo podría definir como una suerte de "Karma occidental".
Es sabido que el karma (o ley karmática) se refiere a la "causa-efecto" de las cosas, para toda causa o elemento primero, hay un efecto o elemento segundo (o final) que vendrá multiplicado.
En un ejemplo burdo, si nosotros hacemos algo malo a alguien, eso malo (tarde o temprano) nos vendrá nuevamente, y multiplicado (o hasta triplicado). Es una "ley" muy antigua y completamente funcional y más hoy en día, en donde actuar sin ética es normal.
Una vez que realizamos algo malo, nos volverá y no se puede evitar. La ley del Karma es inevitable.
Ahora bien...en pequeñas cosas...se puede vislumbrar como el denominado "destino", no demuestra que hicimos las cosas bien o mal.
Si las cosas comienzan a empeorar, es porque algo de lo que ejecutamos estuvo mal o porque causamos el daño en otro elemento y ese daño volverá.
Cuando uno se comporta correctamente y con ética, la Ley del karma se pone de su lado, y eso se empieza a ver claramente, cuando quienes no se comportaron bien con nosotros empiezan a sufrir las consecuencias, mientras nosotros, paralelamente, empezamos a disfrutar de un progreso rápido y sin límites.
Ahí se manifestó una vez más el Karma.
Puedo afirmar que desde ayer, estoy vislumbrando un futuro, en demasía prometedor.
Esto es Magia, esto es irrefutable.
15 de marzo de 2007
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